COVID-19 y el futuro de la economía mundial

Uno de los problemas que conlleva la globalización es que cualquier fenómeno local puede convertirse, rápidamente, en una crisis mundial. Es lo que está sucediendo con el COVID-19. El coronavirus no es solo una pandemia. Es un acontecimiento que puede redefinir la economía global. Lo explican Manuel Balmaseda, economista jefe de CEMEX; Alicia García Herrero, economista jefe de Asia-Pacífico de NATIXIS, y Pedro Antonio Merino, director de estudios y economista jefe de REPSOL.

El coronavirus no es solo una pandemia. Es un acontecimiento que puede redefinir la economía global.

Covid-19 y otros dos shocks

Para entender mejor la situación hay que tener en cuenta que se han producido tres shocks simultáneos, explica Manuel Balmaseda. Por un lado, tenemos el del COVID-19, que ha frenado en seco la actividad productiva. Por otro está el financiero, en forma del ajuste espectacular que ya se estaba produciendo antes en los mercados. En último lugar, está el del petróleo, debido a la subida de su precio, que estaba afectando incluso más que los otros dos. Como Europa y EEUU ya estaban actuando frente al shock financiero, pudieron responder más rápido al shock del coronavirus. Eso les ha ayudado. Gracias a ello, los mercados financieros ya están relativamente estabilizados.

Respecto a la salida de la crisis, Balmaseda indicó que cada economía se ve afectada de forma diferente. Todo dependerá de la profundidad del shock, su duración y la recuperación. Cuanto más profundo y duradero sea el shock, más difícil y costosa será la salida.

El covid contra el turismo

Hay una serie de sectores que se van a ver mucho más perjudicados, porque no podrán recuperar las pérdidas de hoy. Por ejemplo, sectores de servicios como el turismo y la hostelería, a los que les que les va a resultar difícil recuperarse tras la crisis. Algo parecido sucede con el comercio minorista. También, en menor medida, con la construcción y las manufacturas. Por tanto, hay que salvar las empresas, ya que la vida seguirá tras el COVID-19.

La falta de movilidad hace que el shock sea especialmente fuerte para el trabajo, señala Alicia García. Por tanto, los países que dependan de servicios intensivos en empleo sufrirán más. Máxime si son servicios que no son fácilmente sustituibles por trabajo online. Este tipo de shock, por ello, es especialmente duro para los principales sectores españoles.

El problema de las materias primas

Pedro Antonio Merino añade un elemento fundamental. Se trata de los precios de las materias primas. Su evolución está muy ligada a la de la industria manufacturera. Esta es la causa que explica su bajada. En el caso del petróleo, la caída se ha visto amplificada por la guerra de precios. El problema estriba en que los países productores de petróleo suponen el 17% del PIB global. Si se añaden las materias primas, representan el 25%.

Estas naciones tienen emitida deuda por valor de 25 billones de dólares. Esto ha estado a punto de producir el colapso del mercado de fondos americano. ¿Por qué? Porque estos países están tratando de obtener liquidez vendiendo activos, directamente o a través de repos.

La desglobalización va a más

¿Cómo será la realidad económica después de la crisis? Para Alicia García no será la misma que cuando entramos en ella. De hecho, ya no era la misma antes de que llegaran Trump, o Xi Jinping en 2013. Desde 2008, ha ido cambiando hacia una desglobalización de las cadenas de valor, el comercio y las finanzas. Ahora, con el COVID-19, se desploma la globalización de personas. La pregunta, por tanto, es a qué nivel de globalización vamos a volver. En su opinión, no vamos a regresar al nivel inicial.

Para Balmaseda, más que un proceso de desglobalización, vamos a tener un cambio importante en las cadenas de valor. Será así porque va a haber que diversificarlas. Seguramente las cadenas de valor devendrán más «regionales». Un país como México se puede beneficiar de ello. Lo mismo puede decirse de los países periféricos de Europa respecto a Alemania.

Lo que sí va a volver es el turismo. No obstante, le llevará más tiempo porque depende de la renta, que tardará más en recuperarse. Mientras tanto, el turismo es el sector al que más va a golpear el COVID-19. Por eso tenemos que vender medidas, como calidad de la sanidad y protección. Se trata de garantizar a los turistas que, si vienen a España, estarán protegidos.

Regionalización de cadenas de valor

Merino recordó que ya había en marcha un proceso de regionalización de cadenas de valor. La crisis del COVID-19 va a acelerarlo en algunos sectores. Tampoco se sabe cómo vamos a salir de ella, porque el shock de oferta está amplificando el de demanda. De todas formas, es pronto para decir que las cadenas de valor van a deshacerse. Además, la gente piensa que el sudeste asiático sigue siendo más barato. Ahora bien, allí el PIB está muy concentrado en megaciudades. Y va a ser muy difícil que el confinamiento no sea muy prolongado. En consecuencia, si se agotan los inventarios habrá un problema con esas cadenas. Aún no estamos en esa situación, pero sí al borde de ella.

Balmaseda matizó que las cadenas de valor no van a romperse. Pero sí es preciso generar otras nuevas, porque ahora todas parten del mismo lugar: China. Va a haber una diversificación de cadenas de valor, lo cual va a beneficiar a algunos sitios donde ahora no están instaladas. Ahí es donde países que no participamos mucho en ellas tienen un papel que jugar.

Menos dependencia de China

Alicia García tampoco ve una ruptura de las cadenas de valor porque están muy centradas en China. Pero sí se va a reducir la dependencia de China y se utilizará a otro tipo de países para cubrir la demanda asiática. Para Europa se preferirá tener otro centro de producción en ella, de forma que no dependa de un solo centro neurálgico. Eso puede favorecer mucho a España. Pero hay que prepararse para competir con Portugal, Grecia y otros países de salarios más bajos.

Podemos competir con ellos con ventajas como la capacidad de internet. También, mediante una fiscalidad favorable para atraer inversión directa productiva. Es importante hacerlo porque el empleo en el sector servicios después de la crisis va a verse limitado. Por eso hay que aprovechar que las empresas están buscando desesperadamente centros de producción. Y el tema fiscal es fundamental para ellas.

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