La trampa de Tucídides, China y Estados Unidos

Tucídides fue un historiador ateniense del siglo V a. de C. Su obra más famosa es Historia de la guerra del Peloponeso. En ella explica que el enfrentamiento entre Atenas y Esparta fue inevitable. La causa estriba en que el ascenso de Atenas generó en Esparta el temor a la pérdida de su hegemonía. Esta explicación dio origen a la expresión ‘trampa de Tucídides’. Consiste en el conflicto que surge a causa de que una potencia en ascenso desafía a la potencia dominante. Esta idea puede ayudar a comprender las tensiones entre China y Estados Unidos. Lo explica Fidel Sendagorta, Rafael del Pino-MAEC Fellow en el Belfer Center for Science and International Affairs de la Harvard Kennedy School.

La trampa de Tucídides y la potencia emergente

China, en esta ocasión, es la potencia emergente. Su auge se inició con la apertura económica que llevó a cabo a partir de 1978. Su ascenso se debe a ello y a que, con 1.300 millones de habitantes, es el país más poblado de la Tierra. Hoy es la segunda mayor economía del mundo y en breve sobrepasará a Estados Unidos, la potencia hegemónica. Este es el escenario propicio para que se produzca la trampa de Tucídides.

Ahora estaríamos en el primer episodio de la competencia que, siguiendo esa lógica, cabría esperar entre Estados Unidos y China. Se trata de la guerra comercial actual, que no es sino la primera etapa de la pugna por la hegemonía global. Los dos países se han instalado en una guerra de desgaste. En esta fase, nadie quiere cometer errores porque les condicionaría en el futuro o les obligaría a dar marcha atrás. Las equivocaciones, además, podrían interpretarse como síntomas de debilidad de la posición de un país. De momento, los dos países mantienen el tipo y ninguno sufre lo bastante como para verse obligado a ceder en lo fundamental.

La ventaja teórica de China

En este momento, China tiene a su favor algo de lo que Estados Unidos carece. Se trata de que, en EEUU, hay elecciones en poco más de un año. En este sentido, Trump considera que China podría querer apostar por cerrar un acuerdo con su sucesor en la Casa Blanca. Desde esta perspectiva, China podría pensar que un cambio de presidente facilitaría el acuerdo. El problema para China, en este escenario, residiría en el tiempo. La nueva administración no estaría operativa plenamente hasta dentro de dos años. Ese es un periodo demasiado largo para seguir sin acuerdo.

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Al mismo tiempo, hay un ámbito en el que China está sufriendo más que Estados Unidos. Se trata de la inversión extranjera directa. Y es que las empresas estadounidenses están marchándose de China, o barajan hacerlo. Se van a otros países asiáticos, a México, etc., para eludir el riesgo político que les supondría permanecer en China. Ahora bien, esta desconexión entre China y Estados Unidos plantea desafíos importantes, porque se encuentran muy vinculados por las cadenas globales de valor. La ruptura de esos lazos podría crear un amplio abismo entre ambas naciones.

La seguridad se impone al comercio

Si se alcanzara un acuerdo comercial la interdependencia mutua sería mayor. El problema es que, en esta pugna, la lógica de la seguridad se impone a la del comercio. Por este motivo, las medidas estadounidenses contra empresas tecnológicas chinas, por ejemplo, Huawei, no van a depender de un acuerdo comercial. Lo harán de la lógica de seguridad. Estados Unidos, en este sentido, no quiere ser vulnerable a causa de la excesiva dependencia de China. China, a su vez, se ha percatado de que depende en exceso de Estados Unidos, en sectores esenciales, como los semiconductores. Por ello, quiere ser autónoma lo antes posible.

Para comprender mejor la lógica de seguridad, hay que tener en cuenta que, en el 5-G, Estados Unidos carece de empresas que puedan competir con las grandes compañías chinas o europeas. La consciencia de ese fallo de mercado le ha llevado a promover una mayor presencia pública en el sector tecnológico y científico. Se trata de fortalecer su capacidad en ese terreno.

Huawei y el 5-G

Los riesgos para Estados Unidos, y para Europa, dicho sea de paso, una empresa china sea el actor fundamental de las redes de telecomunicaciones 5-G son obvios. Esta compañía podría ser un instrumento para que la información que circule por esas redes se escape y caiga en manos chinas. Además, el 5-G es la estructura más sensible porque de ella van a depender todas las grandes tecnologías del futuro. La inteligencia artificial, los coches autónomos, las ciudades y las fábricas inteligentes, etc., necesitan esa estructura.

Estados Unidos, en consecuencia, piensa que la exclusión de las empresas chinas le proporciona un entorno seguro en el que poder comunicarse en secreto con sus socios. Otros países, como Japón, también han excluido a Huawei porque estiman que la primera fase de un conflicto con el gran país asiático va a ser en el campo cibernético. Por tanto, no quieren verse en una situación de vulnerabilidad si un día se produce una situación de tensión con China. Así es que han optado por dejar a Huawei fuera. En resumidas cuentas, la guerra comercial entre Estados Unidos y China es la primera etapa de una pugna por la supremacía tecnológica y la hegemonía mundial.

La potencia emergente y la trampa de Tucídides

En las últimas décadas, China ha acumulado un enorme poder económico. Este poder se ha trasladado también a los ámbitos político y militar. Como consecuencia de ello, la configuración del sistema mundial ha cambiado. Lo ha hecho porque, en unos años, China puede tener un PIB mayor que el de Estados Unidos. También, porque cuenta con sectores tecnológicos muy avanzados en los que empieza a ser muy competitiva. Además, ha modernizado sus fuerzas armadas y se ha convertido en un actor de primer orden. Por tanto, estamos entrando en la dinámica de potencia emergente que rivaliza con la hegemónica. Esto es la trampa de Tucídides.

China y Estados Unidos ven la trampa de Tucídides de forma muy diferente. Para China, esto es algo casi natural. En sus cinco mil años de historia ha pasado tanto por momentos de esplendor como de declive. Ahora siente que está en un nuevo momento de auge y entiende que este relato es favorable para ella. Estados Unidos, en cambio, cuya historia solo abarca doscientos cincuenta años. Su trayectoria, en este tiempo, siempre ha sido ascendente. Eso le llevó a la cúspide del poder mundial hace cien años. Sin embargo, el país carece de experiencia en declives y en ciclos de decadencia y resurgimiento. A ellos, por tanto, les resulta difícil aceptar el relato que implica la trampa de Tucídides.

El ‘momento Sputnik’

Ahora bien, Estados Unidos también tiene el ‘momento Sputnik’. Se trata de la capacidad de recuperación y de aceptar la competencia. Es lo que ocurrió a finales de la década de los cincuenta, cuando los rusos se pusieron en cabeza de la carrera espacial. El auge de China ahora podría ser un acicate para que Estados Unidos recuperase sus mejores virtudes y usarlas para recuperar sus infraestructuras y seguir siendo punteros en las grandes tecnologías. Para eso, no obstante, es preciso alcanzar cierto consenso político que hoy no se vislumbra.

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